La Cana, programa para reclusas que tejen su reinserción social

La Cana, programa para reclusas que tejen su reinserción social

Surge una Asociación Civil para ayudar a mujeres que están recluidas para su capacitación en manualidades en aras de lograr su reinserción social


 

Toluca, Estado de México.-La asociación civil trabaja en dos vías, enseña el arte de hacer peluches, servilletas individuales, tejido y bordado, pero también da asesoría jurídica a mujeres que cumplen una condena en penales del Estado de México.

Motivar a las mujeres que enfrentan una condena en los penales a creer en ellas y ayudarlas a abrirse camino rumbo a la reinserción social, y disfrutar de un oficio que les aporte un sustento económico con la creación de peluches tejidos y muñecas de tela, es parte del objetivo de la Asociación Civil La Cana. Dicha agrupación lleva talleres, asesoría jurídica y psicológica a reclusas de los penales mexiquenses de Barrientos, Chiconautla y Neza Sur, dijo en entrevista, María Vivanco, representante de esta agrupación.

—¿Que significa La Cana?

—La Cana es una forma muy coloquial para referirte a la cárcel, es como cuando dices el bote, la jaula, eso es la cana, y de hecho hay un lenguaje canaico que utilizan los reclusos para que ninguna otra persona entienda lo que quieren expresar.

—¿Cómo funciona esta asociación?

—Somos una asociación híbrida. Por un lado tenemos La Cana productos con causa que es una S.A de C.V. y por otro La Cana proyecto de reinserción social, que es asociación civil. Las dos trabajan en conjunto, pero su labor es independiente.

—¿Qué es La Cana empresa social?

—En esta empresa le damos trabajo a mujeres de estos penales con el fin de mejorar su calidad de vida mediante un trabajo digno y bien remunerado. Con este plan trabajamos en tres penales del Estado de México. Estamos en Barrientos (Tlalnepantla), en Chiconautla (Ecatepec) y en Neza Sur (Nezahualcóyotl).

—¿Cuántas internas trabajan en el programa?

—En total son 80 mujeres de los tres penales. Cuarenta en Barrientos, 20 en Neza y 20 en Chiconautla. En las tres cárceles hay listas de espera para estos programas.

—¿Cuál es el trabajo que estas mujeres realizan?

—Trabajan con técnicas de tejido y bordado, elaboran servilletas individuales, muñequitas de tela y peluches.

—¿En qué consiste el otro programa, el de La Cana reinserción social?

—En este programa buscamos complementar el área de trabajo, teniendo como objetivo el que estas mujeres tengan una reinserción social digna y activa, ya que si solo trabajaran manualidades las mantendría únicamente ocupadas, pero lo importante es que aprendan un oficio para cuando salgan del penal y sepan qué hacer para ganarse el sustento. Además, por el trabajo que nos hacen se les paga un salario que les permite tener una mejor calidad de vida y pagar los gastos que tengan en el penal y poder enviarle algo a sus familiares.

—¿Cómo se selecciona a las mujeres de estos penales para realizar estos trabajos?

—Primero, empezamos con la capacitación laboral mediante talleres de tejido y bordado y una vez que ya aprendieron se selecciona a algunas de ellas, no a todas, y a las que no fueron elegidas se quedan en lista de espera para el siguiente ciclo laboral. No se discrimina a nadie y se les da oportunidad a todas.

—¿Qué otro apoyo, además del laborar, les dan a las internas?

Se les da orientación psicológica y también tratamos de que se ofrezca un taller de los que damos en cada uno de los reclusorios, aunque esto depende del número de voluntarios y de los recursos con los que contamos y de los recursos con los que cuenten los penales. Tenemos terapia de arte individual y grupal y eso ha ayudado a las internas. También contamos con asesoría jurídica en donde llevamos los casos de tres de nuestras tejedoras y buscamos asesorarlas en todas las dudas que tengan sobre sus casos. Otro de los programas es el de seguimiento de los casos en libertad. También exinternas pueden seguir trabajando con nosotras en las áreas de tejido y bordado y buscamos colocarlas en otros trabajos para que puedan seguir creciendo.

—¿Cuántas exreclusas trabajan actualmente con ustedes?

—Son tres. Una es vendedora de nuestros productos en uno de nuestros kioskos. Otra es maestra de tejido en los penales y una más fue enviada con una diseñadora de arte para aprender a hacer bordados.

—¿Cuándo nace el proyecto de La Cana?

—Inició en el 2014 por iniciativa de tres de las fundadoras que son abogadas y como parte de su servicio social tenían que dar asesoría jurídica en el penal de Barrientos. En aquel momento comenzaron a darse cuenta de lo que era la vida en un penal y las condiciones de vida poco dignificantes que tenían las internas, la falta de trabajo y cómo se movía todo en ese lugar. Pensaron que además de ofrecerles asesoría jurídica, podría haber otras formas de ayudarlas y se percataron que en realidad no había trabajo digno para ellas y que los que había eran muy mal pagados. Comenzaron a probar con varias cosas, como la venta de diferentes productos, hasta que finalmente se llegó hasta los peluches tejidos, un trabajo que a ellas les encanta, les deja ganancia y por otra parte, que a los clientes también les gustan los productos que son fáciles de mover y vender. Posteriormente, se fueron incluyendo ya otros productos como las muñequitas de tela y las servilletas individuales.

—¿Los dos programas surgen al mismo tiempo?

—No. Uno dio paso al otro, y ambos se constituyen legalmente en el 2016.

—¿Por qué solo se da este programa en tres penales del Estado de México y no en la Ciudad de México?

—La iniciativa busca que el programa de La Cana sea replicable en todos los penales del país e inclusive lleve esta idea a otros penales fuera del país. Sin embargo, la relación con las dependencias que llevan el control de los reclusorios es difícil. Por lo pronto, logramos un convenio muy bueno con el Estado de México, lo que ha permitido expandir nuestros programas en esta entidad y, sobre todo, por la capacidad que actualmente tiene la organización y que conforme vayamos creciendo se irán integrando más reclusorios al programa.

—¿Cuándo inicia este programa directamente con las mujeres de estos penales?

—En el 2016 inició con Barrientos, a los pocos meses se integró el penal de Neza y a finales del 2017 se sumó Chiconautla.

—¿Fue fácil que las reclusas se acercaran a ustedes con estos programas?

—Entrar a cualquier reclusorio es difícil, ya que no te conocen, hay desconfianza. Cuando se les informó a las internas del propósito del programa hubo incertidumbre y sólo se acercaron cuatro internas en Barrientos y poco a poco se fueron integrando más al ver que el trabajo era sencillo y bonito y les gustaba. Además, se les pagaba por ello, por lo que la labor fue creciendo. El principio fue difícil.

—¿Por qué este programa incluye solamente a mujeres?

—Las fundadoras, que son mujeres, se identificaron con las situación de falta de oportunidades que viven las internas en los penales, además de que conocieron la violencia de género, creo que todo eso influyó para que este programa, por ahora, solo incluya a mujeres, pero más adelante el programa podría incluir a hombres, como en algunas cosas de carpintería que se realizaron en el Reclusorio Oriente.

—¿Contaron con apoyos de algunas dependencias o de otras asociaciones para lanzar el programa de La Cana?

—Estos programas iniciaron con capital de las propias fundadoras. Actualmente son cuatro (Daniela Ancira, abogada; Raquel Aguirre, abogada; Wendy Balcázar, abogada, y Mercedes Esquivel, psicóloga). No ha habido más inversión que el de las propias fundadoras, así como el de donantes que han querido apoyar con material, además, damos conferencias para que las personas conozcan el programa, sus objetivos y sus causas.

—¿Una vez terminados los peluches y muñecas elaborados por las internas, quién supervisa la calidad de estos artículos para sacarlos a la venta?

—Nosotros les llevamos una vez a la semana el material (estambre, ganchos, relleno) y las internas, después de haber tomado talleres de tejido, reciben un diseño de cómo deben quedar los productos, lo que pasamos a recoger la siguiente semana ya con etiquetas y todo. Una maestra de tejido que arrancó con el programa de La Cana nos acompaña a los penales para recoger los productos y supervisa que cada muñeco cumpla con la especificación y estándares de calidad para que salga a la venta. Los que no cumplan con la especificación indicada se regresa para que se repita o se cambien algunas cosas mal hechas.

—¿Qué cantidades de peluches o muñecas les entregan las internas por semana?

—En Neza la entrega es de alrededor de 130 peluches, Barrientos y Choconautla entregarán menos de cien, dependiendo la temporada, el diseño y el tamaño.

—¿Han tenido algún problema para meter en estos penales ganchos y estambre considerados como accesorios peligrosos?

 

—Llevamos un control mediante las encargadas del taller; para meter cualquier artículo entregamos un oficio con las especificaciones de que material ingresa y cuál será su uso.

—¿Dónde venden los productos?

—Hay cinco canales de venta. El primero es nuestra página de internet, otra es venta a consignación, ya que trabajamos con diferentes tiendas que distribuyen y ofrecen nuestros productos en el país, en la tienda Liverpool, en Amazon, en bazares y ferias, por pedidos especiales y personalizados, como a universidades o empresas, y otros son nuestros puntos de venta propio en kioskos del Centro Comercial de Santa Fe y otro más en Plaza Satélite.

—¿Cómo es el pago a las internas?

—Les pagamos por producto terminado, se venda o no y les entregamos su dinero a través de industria penitenciaria. Ellos se encargan de pagarle a las internas, y a nosotros nos entregan el comprobante con la firma de ellas de recibido. El pago es quincenal a través de una nómina y nosotros nos encargamos de la venta y demás. El desglose queda así: 30% del valor del producto es para las internas, otro 30% para gastos administrativos, 20% es de costo directo y el 20% restante es la utilidad.

—¿Cuál es el siguiente objetivo de La Cana?

—El objetivo es replicar este proyecto a otros reclusorios del país y seguir creciendo.