Tercera edad

Tribuna

Por: Javier Terrazas
Fecha: 2012-03-14

Para fines estadísticos y de servicios, se considera que el hombre y mujer llegan a la tercera edad cuando cumplen sesenta años de vida.
En ésta etapa, los temas de las charlas dejan de ser los viajes, las universidades de los hijos y llegan los comentarios de médicos, hospitales y enfermedades.
Desgraciadamente, la generalidad de la población no se prepara para una vida de calidad en ésta etapa.
El periodo de vida se ha ampliado a los 72 y 73 años, pero el deterioro de la salud en esa etapa aqueja a una buena parte de los adultos mayores.
En Tamaulipas, de acuerdo al INEGI tenemos una población de casi 324 mil adultos mayores de 60 años, que representan el 10.7 por ciento de la comunidad, según los datos del censo del 2010.
La falta de una educación nutricional, deficiente cultura de la salud y prevención de enfermedades, escasos espacios públicos para el ejercicio, un entorno de inseguridad y violencia, inciden en malos hábitos.
Por ello, las principales enfermedades crónico degenerativas que aquejan en esas etapas son la diabetes, la hipertensión, problemas cardiacos (infartos), accidentes cerebro vasculares (embolias), entre otros.
Si a ésta cruda realidad agregamos las deficiencias de la seguridad social en nuestro país y la entidad, así como el abandono y olvido en que quedan una buena parte de los adultos mayores, luego de jubilación o pensión, miles con alguna discapacidad, el problema crece.
Refiero lo anterior, porque como sociedad estamos obligados a cuidar más de nuestros adultos mayores, que incluye a abuelos, padres, tíos o vecinos.
Hacer una cadena de solidaridad con éste importante sector, en especial con aquellos que están en condiciones más difíciles para su supervivencia.
De ese grupo tan importante, trabajan el 30 por ciento, sobre todos los más cercanos al piso de los sesenta años.
En una nación en donde el 50% de la población enfrenta condiciones de pobreza, ésta golpea en forma más severa a este sector.
La reflexión obedece a que ayer, por cuestiones de salud de un familiar, acudí a un hospital de la ciudad. Los cuadros que ahí se ven, son duros.
Un caso llamó mi atención, pero en una casa vecina al centro médico. Una anciana de más de 85 años en una casa muy deteriorada, ambas con muchas carencias y urgencias.
De un vehículo nuevo bajó un varón de mediana edad y le dio una bolsa con alimentos y con gran rapidez se marchó. La mujer lo esperaba con más desgano que hambre.
La tomó, comió un poco y casi su totalidad se lo brindó con mucha paciencia y cuidado a un perro de la calle, al que acariciaba con ternura, como si fuese el único contacto afectivo con un ser vivo.
Esa imagen me recordó a otras que se han grabado en mi mente. El abandono, olvido y a veces hasta maltrato a los ancianos. No pensamos que pronto estaremos en esos zapatos.
Velemos por un mejor presente de quienes en esas circunstancias están en nuestro entorno. Prediquemos con el ejemplo, para que sirva a nuestros hijos y aspiremos a que ellos nos cuiden en el futuro.
Realidades como la mujer de la calle Méndez o la que tuvo “Chucha”, ese personaje victorense que falleció en el asilo cuando dejó de aportar ingresos a una pariente, no deben ocurrir. La mano solidaria, debe ser hasta el final de la vida. Que no se rompa esa cadena.