Una de las cosas más seguras que hay en la vida, es la muerte. Sin embargo, no sabemos en qué momento se dé. Unos primero que otros, sin importar edad, condición social, poder político.
Ayer, después de varios meses de una batalla contra el cáncer, falleció Hugo Chávez, el polémico presidente de Venezuela, el ícono de la izquierda latinoamericana, el presunto heredero del cubano Fidel Castro.
Con su partida, Chávez deja un vacío de poder grande en Venezuela, pues no hay nadie con esa recia personalidad que le sustituya, ni a quien él considerase su heredero el vicepresidente Nicolás Maduro.
Y también en la Sudamérica Bolivariana, pues la izquierda moderada que en un tiempo encabezó Inacio Lula Da Silva, quedó rebasada por su periodo gubernamental.
De la sucesión venezolana, veremos si surge una personalidad fuerte que dé continuidad al ideario Chavista. Y a su liderazgo regional y contrapeso que hacía a los poderosos del norte, representados por Estados Unidos de Norteamérica.
Difícil era la batalla que libraba el considerado por muchos un dictador sudamericano. Sus tratamientos múltiples en Cuba, pusieron en su justa dimensión la gravedad del problema de salud.
A pesar de los esfuerzos médicos y de toda la voluntad y valentía que imprimió a su lucha por la vida, fueron más graves los daños del cáncer a su organismo.
Cuando regresó a Venezuela, para seguir en casa con su tratamiento, fue una señal más directa de los efectos irreversibles del cáncer a la fortaleza que irradiaba Chávez todavía en diciembre.
Decidió, como los grandes, morir en casa y con su pueblo, e incluso desde su última morada influir en la definición de su relevo.
En las urnas del año pasado, Chávez casi pierde el poder, ante su opositor Henrique Capriles. Sin embargo, la forma en que pierde la vida y la lucha que como buen militar y guerrero dio contra el cáncer, le fortalece.
Es el adiós de uno de los grandes presidentes de Latinoamérica. Polémico, tozudo, enérgico, radical, populista, socialista, idealista y nacionalista. Deja realmente un vacío de poder difícil de llenar. Descanse en paz el “Comandante Chávez”.
Aunque su vida no fue tan polémica como la de Chávez, ayer falleció otro grande. Mi paisano y amigo chihuahuense MVZ Héctor Aguilera Olivas.
Víctima también de un cáncer en médula ósea, perdió la batalla por la vida, al lado de su esposa Mayra Brenes y sus hijos Héctor y Sebastián.
Como a Chávez, los galenos lo regresaron a Venezuela, a Héctor, después de varios meses de hospitalización, sus médicos le enviaron a su casa para esperar el llamado de Dios.
Fue un buen deportista, un apasionado de la Medicina Veterinaria que ejerció en la SAGARPA en Chihuahua. Un gran padre de familia, esposo, hermano e hijo. Pero sobre todo, un GRAN AMIGO. Descanse en paz este guerrero chihuahuense.
A su esposa, hijos, hermanas y hermano, padres, el más sentido pésame y solidaridad permanente.
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