A nivel de comité municipal priista hay un silencio muy extraño respecto a lo acontecido el primero de julio en Tamaulipas.
Extraño, porque es donde radica en gran parte la responsabilidad del no triunfo del PRI en los tres tipos de elección que se tuvieron ese día, la de presidencial, la de senadores y en seis de los ocho distritos federales electorales.
Además, hay que recordar que la renovación de las dirigencias de los 43 comités municipales fue considerado como una fortaleza del partido, incluso, en calidad de programa para mejorar la estructura tricolor, fue avalado por el comité nacional que en ese momento era presidido por el ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdés.
Muy extraño además, porque los enlaces o delegados que fueron enviados con mucha anticipación por el comité estatal de Lucino Cervantes Durán y de los cuales se supone que se empaparían de las cosas políticas que suceden en cada municipio para estar en posibilidad de aplicar medidas correctivas que derivaran en el aseguramiento de votos a favor de sus candidatos, cosa que no sucedió.
Todavía no terminaba la votación el primero de julio pasado, cuando uno o dos operadores políticos pudieron percatarse de que, la negativa de los ciudadanos para decir a los realizadores de las encuestas de salida por quién habían votado, llevó a la deducción de que no fue por el PRI, lo que derivaría en resultados difíciles en algunos distritos.
El asunto es que no fue en algunos, sino en la mayoría y además se perdieron las dos senadurías y Tamaulipas fue una de las pocas entidades en las que no triunfó el candidato presidencial, Enrique Peña Nieto.
Si damos vuelta hacia atrás a las páginas del trabajo en la estructura del PRI en la entidad, podríamos concluir que la renovación de las dirigencias municipales no respondió de la manera esperada.
De esto pueden existir dos o más lecturas, primero que los relevos en los comités no supieron sacar adelante la chamba a pesar de tener a la mano la asesoría de los delegados del comité estatal y segundo, que los grupos políticos no lograron recomponerse a tiempo para asimilar la naturaleza de las candidaturas a legisladores que fueron presentadas por el PRI.
Al menos en Nuevo Laredo y Matamoros, donde las candidatas a las diputaciones federales pertenecían a los grupos políticos de los alcaldes Benjamín Galván Gómez y Alfonso Sánchez Garza, respectivamente, era de suponerse que las estructuras partidistas rendirían lo suficiente para garantizar el triunfo, sin embargo, algo no estuvo a la altura de las circunstancias y terminó enseñar una falta de coordinación entre la autoridad municipal y la autoridad partidista.
No podemos decir lo mismo de Reynosa, en virtud de que el dirigente municipal del PRI, Rigoberto Garza Faz, trataría de brillar con luz propia y no se dejaría influenciar por al alcalde Everardo Villarreal Salinas, ya que siempre estuvo en contra de la designación del cetemista Reynaldo Garza Elizondo como candidato a legislador federal.
La situación que priva en las dirigencias municipales, es extraña también, porque los dirigentes de los comités municipales no saben en qué momento fallaron, pero tampoco estarán en condiciones de aceptar culpas, porque muchos de ellos sólo siguieron las instrucciones de los delegados enviados por el comité estatal priista.
Lo acontecido en la elección del primero de julio, indudablemente dará como resultado su relevo, en un escenario donde ahora sí están solos, porque los enlaces del PRI automáticamente desaparecieron.
Fortalecer nuevamente la estructura priista tiene que ser a partir de la actualización de los comités municipales, pero ahora sí con liderazgos sólidos, para que los grupos se pongan todos la camiseta como debe de ser.
Sólo por mencionar un caso, el de Tampico, cuando se habló de que el dirigente municipal, José Mathieu Faure, era la persona indicada para unificar las fuerzas políticas y dar un revés al PAN, que había ganado la elección municipal del 2010, todo mundo estuvo de acuerdo, sin embargo, queda claro que los grupos o se echaron para atrás o simplemente no estuvieron de acuerdo con la forma en que trabajó.
Si a eso le agregamos el resultado adverso en los tres tipos de elección que tuvimos el primero de julio, la lógica indica que el dirigente municipal porteño, simplemente no estuvo a la altura de las necesidades políticas del municipio y quizá hubiese funcionado mejor algún político de esos que manejan proyectos electorales personales como el ex diputado local, Mario Leal Rodríguez, quien también fue gerente de la COMAPA y que desde allí enseñó sus aspiraciones por la alcaldía de Tampico.
La escasa operatividad de los comités municipales para ganar la elección, también podría identificarse en algunas dirigencias de los sectores del PRI, particularmente en la CNOP, donde pudo advertirse muy poco trabajo tanto a nivel estatal como municipal, de manera que era más evidente lo que hicieron los del Movimiento Territorial, que es una organización, no un sector del PRI.
Los otros.
Tula, la ciudad gobernada por René Lara Cisneros, tiene pachangas en grande esta semana, porque cumple 395 años de su fundación.
Es además, Pueblo Mágico, así que el programa de actividades debió de ser extenso y de muchos días, para que tanto autoridades como las organizaciones sociales puedan enseñar a los visitantes sus tradiciones y el patrimonio cultural que tienen.
Tula fue capital de Tamaulipas durante un tiempo y aunque mucha gente de allí tiene más relación comercial con ciudades del vecino estado de San Luis Potosí, cuanto se trata del orgullo hacen sentir a todo mundo que son tamaulipecos hasta la cachas, además, allí es donde se confecciona uno de los artículos más representativos de la entidad, la cuera, realizada por don Antonio Reyna Hernández.
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