En la política mexicana, se sostiene que poder que no sirve para conservar el poder no es eficaz, de tal forma que si lo aplicamos al desenlace que tuvo la jornada dominical pasada, son inminentes los ajustes.
Y esos ajustes tienen que darse después de un diagnóstico responsable, serio y con la cabeza bien fría, para que se llegue a las causas reales y no a la salida fácil de buscar “culpables de paja” a quienes cargarle “el muertito” del 1 de julio.
Hay tres áreas en las que descansa esa misión: La primera, independiente (en apariencia) es el Partido Revolucionario Institucional con su comité estatal, sectores – CTM, CNOP, CNC – y organizaciones como la femenina ONMPRI, de jóvenes FJT y popular Movimiento Territorial.
Ahí sus cabezas son Lucino Cervantes Durán, Martha Guevara de la Rosa, Alejandro Rábago Hernández, Raúl Zárate Lomas, Mónica García Velázquez, Magali Balderas, Edmundo García Román, Jaime Jenny Bringas (+), Juan Báez Rodríguez, Blanca Anzaldúa Nájera, Roberto Huerta, Heriberto Ruiz Tijerina y César Raúl González García, éste último coordinador general de las campañas.
Igualmente van los candidatos perdedores: Manuel Cavazos, Lupita Flores, Verónica Flores, Reynaldo García, Yanín García, Gabriel de la Garza, Sergio Posadas y Fernando Azcárraga, con sus coordinadores de campaña y delegados.
La segunda, tiene que ver con las secretarías del gabinete estatal que manejan los programas sociales, entre las que aparecen las secretarías de Desarrollo Social, Salud, Educación y Desarrollo Urbano y Ecología, a cargo de Jesús Ostos García (encargado de despacho), Norberto Treviño García, Diódoro Guerra Rodríguez y Homero de la Garza Tamez.
Y la tercera, la eminentemente política, que es la Secretaría General de Gobierno con toda su estructura y redes; así como los alcaldes identificados con el partido en el poder, de los principales municipios.
Aquí los relevantes son Morelos Canseco Gómez, Benjamín Galván Gómez, Everardo Villarreal Salinas, Alfonso Sánchez Garza, Tomás Gloria Requena, Efraín de León, Alfonso Sánchez Garza, Miguel González Salum, Humberto Flores, Pedro Carrillo Estrada, entre los principales.
Fundamentalmente éstos actores políticos de la entidad deben hacer el análisis profundo de su quehacer, los primeros de su tarea directa como dirigentes de partido o de alguna de sus áreas y organizaciones filiales; en tanto que otros, de desempeño en el quehacer público.
La suma de las tareas partidistas y la valoración que la ciudadanía hace de los resultados de las acciones gubernamentales, son las que generan el ambiente propicio para un voto a favor, o el entorno de adversidad para el sufragio de castigo.
Más allá de la orientación del voto, el color del partido o las personas que sean las beneficiarias del mismo, la voz que se asienta en las actas de escrutinio de cada casilla es el referéndum para los gobernantes de cada territorio.
De ahí que la reflexión seria debe llevar a los actores citados a asumir el veredicto de la comunidad, con la crudeza que representa, a fin de poder trabajar en la reorientación de sus acciones, para una mejor calificación en la siguiente evaluación, en el referéndum de julio del 2013.
Una segunda oportunidad es válida, aunque tienen que darse los ajustes urgentes en donde se cometieron los principales yerros.
Ajustes, enroques, cambios, ceses, reacomodos son válidos, incluida una revisión a fondo del inventario político estatal, que dé cabida a los cuadros calificados para hacer frente al desafío 2013 y que reverdezca el territorio estatal.
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