¡México Católico, Despierta de tu Letargo…!



 

 

Después del 1 de julio del año en curso, cuando se efectuó la elección federal para renovar el congreso de la Unión y el Ejecutivo Federal, y que el Partido denominado Morena, avasalló con cerca de 30 millones de votos, con lo que logró obtener la mayoría en el Congreso de la Unión, mediante la coalición con el Pt y el PES, así como la Presidencia de la República, y en las elecciones concurrentes en diversos estados se llevó también diecisiete congresos locales, con lo que desgraciadamente para México y los mexicanos, lo convierten de hecho y de derecho en el Partido o coalición que con la mano en la cintura podrá si así lo determina López Obrador, cambiar a su antojo la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, todo ello con la ideología socialista, de género, y contraria a la v9ida y a la familia, como ya lo está demostrando con la Senadora Olga Sánchez Codero, a quien ya designó como la próxima Secretaria de gobernación a partir del 1 de diciembre cuando asuma oficialmente la Presidencia de la República, y digo oficialmente porque ya está gobernado a través del Congreso de la Unión, a falta de Presidente de Derecho, puesto que el que tiene legalmente ese mandato, desde el primero de septiembre hizo mutis.

Ante tantos males que se ven venir sobre México, algunos Obispos, han decidido consagrar a nuestro país a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, como lo hicieron sobre la nación herida los Obispos en 1920, fue coronar de manera pública una imagen del Sagrado Corazón, pero luego determinaron hacer más explícito su propósito mediante una consagración a Cristo Rey, donde se ponía bajo su vasallaje la nación, sus campos y ciudades. El pueblo acompañó a los pastores con el grito de «¡Viva Cristo Rey!», proferido por primera vez en la historia, lo que concitó las iras del Gobierno.

Anacleto González Flores, uno de los héroes de la Epopeya Cristera, actualmente declarado Beato y en proceso de Canonización, que está recorriendo los distintos estados de la República Mexicana, a fin de que sea reconocido por todos los Mexicanos, como un gran precursor de la defensa de la Iglesia, y en contra de las ideologías que se han apoderado de nuestra nación en la actualidad, según la visión de Anacleto, los tres grandes propulsores de la política anticristiana y antimexicana: la revolución, el protestantismo y la masonería.

«La revolución –escribe–, que es una aliada fiel tanto del protestantismo como de la Masonería, sigue en marcha tenaz hacia la demolición del catolicismo y bate el pensamiento de los católicos en la prensa, en la escuela, en la calle, en las plazas, en los parlamentos, en las leyes: en todas partes. Nos hallamos en presencia de una triple e inmensa conjuración contra los principios sagrados de la Iglesia».

De lo que en el fondo se trataba era de un atentado, inteligente y satánico, contra la vertebración hispánico-católica de la Patria.

“…Estos tres enemigos están venciendo al catolicismo en todos los frentes, a todas horas y en todas las formas posibles. Combaten en las calles, en las plazas, en la prensa, en los talleres, en las fábricas, en los hogares. Trátase de una batalla generalizada, tienen desenvainada su espada y desplegados sus batallones en todas partes. Esto es un hecho. Cristo no reina en la vía pública, en las escuelas, en el parlamento, en los libros, en las universidades, en la vida pública y social de la Patria. Quien reina allí es el demonio. En todos aquellos ambientes se respira el hálito de Satanás.

Y nosotros, ¿qué hacemos? Nos hemos contentado con rezar, ir a la iglesia, practicar algunos actos de piedad, como si ello bastase «para contrarrestar toda la inmensa conjuración de los enemigos de Dios». Les hemos dejado a ellos todo lo demás, la calle, la prensa, la cátedra en los diversos niveles de la enseñanza. En ninguno de esos lugares han encontrado una oposición seria. Y si algunas veces hemos actuado, lo hemos hecho tan pobremente, tan raquíticamente, que puede decirse que no hemos combatido. Hemos cantado en las Iglesias, pero no le hemos cantado a Dios en la escuela, en la plaza, en el parlamento, arrinconando a Cristo por miedo al ambiente.

Urge salir de las sacristías, entendiendo que el combate se entabla en todos los campos, «sobre todo allí donde se libran las ardientes batallas contra el mal; procuremos hallarnos en todas partes con el casco de los cruzados y combatamos sin tregua con las banderas desplegadas a todos los vientos». Reducir el catolicismo a plegaria secreta, a queja medrosa, a temblor y espanto ante los poderes públicos «cuando éstos matan el alma nacional y atasajan en plena vía la Patria, no es solamente cobardía y desorientación disculpable, es un crimen histórico religioso, público y social, que merece todas las execraciones».

Tal es la gran denuncia de González Flores hacia dentro de la Iglesia, el inmenso lastre de pusilanimidad y de apocamiento que ha llevado a buena parte del catolicismo mexicano al desinterés y la resignación.

Y eso precisamente es lo que actualmente está pasando en nuestro México, parece ser que lo señalado por Anacleto, hace casi cien años, nos lo está diciendo a todos nosotros los que nos decimos Cristianos Católicos, acaso necesitamos que nuevamente González Flores nos arengue con ese verbo incendiario y convincente que hizo que los católicos del primer cuarto de siglo XX salieran a las calles organizados a defender su religión y su Iglesia, yo considero que cada uno de nosotros debe convertirse en un Anacleto González Flores, y dar la batalla frontal contra quienes representan ahora a esos tres enemigos que señalaba el ]Beato Anacleto y que son los tres grandes propulsores de la política anticristiana y antimexicana: la revolución, el protestantismo y la masonería y para hacer lo que nos toca… ¡Aquí estamos!  

Alvarezf_2@hotmail.com