Los protocolos



 

LO CLARO. Arranca formalmente el ciclo escolar del nivel profesional en todo el país; en Tamaulipas la Universidad Autónoma UAT da el campanazo de inicio y es con una óptica distinta.

De los cuarenta mil alumnos diseminados en la geografía estatal, son observables los que integran el semestre inicial. Jóvenes de 18 a 19 años.

¿Particularidad? Son los primeros jóvenes nacidos en el nuevo milenio, que ya toman el desafío del último tramo de preparación hacia la profesionalización de sus sueños y metas. 

Los nacidos en el año 2000 toman el timón y pronto, muy pronto, las riendas económicas y políticas del mundo. Enhorabuena.

LO CLAROSCURO. “No corro, no grito, no empujo” frase que ha sido anclada en la mente de cada mexicano a raíz de los sucesos sísmicos de 1989 y que acaso sea de los muy pocos protocolos de actuación qué rigen nuestras vidas en comunidad.

¿De qué tamaño sería la importancia de hablar de establecimiento de protocolos? A la letra, su significado implica ‘una serie de normativas que indican cómo actuar en ciertos procedimientos’.

Entonces, cuando existen situaciones de riesgo –por ejemplo una toma de rehenes- el protocolo de seguridad indica que la policía pone en marcha un estándar de acciones que garantice la seguridad de los rehenes y establece los pasos para la negociación de la entrega de los mismos. 

Si un integrante de la corporación no observa o desobedece las reglas protocolarias, es sancionado.

Pero nuestro país dista aún de la regulación protocolaria. Y no por falta de estatutos, códigos y reglamentos, pues vivimos sobre regulados. 

Quizá la pobre participación ciudadana y el actuar de quienes legislan desde la máxima tribuna, han dejado fuera de sus prioridades el reconocer las necesidades más apremiantes de la sociedad.

No existe una reglamentación que le indique a los alumnos qué hacer en caso de un enfrentamiento con armas de fuego; sean delincuentes, sean estudiantes armados o cualesquier otra condición que exponga la vida como los altercados norteamericanos –donde sí tienen dichos protocolos-.

Si hubiera una niña o niño abusado en su integridad física (con o sin su permiso) por algún adulto, cura e inclusive por un maestro, no hay criterios de seguimiento a un caso de esta naturaleza. ¿Y qué cree? Es mucho más cotidiano que lo que pensamos. Mucho más.

No conocemos protocolos en términos de sanción a corruptos. Si vemos a un funcionario ‘pedirle ayuda con una cooperación’ a un ciudadano que está en fila realizando trámites o viceversa, como testigo o como actor no cuenta con un estándar protocolario de actuación, que incluya ‘llame al 01-800…’ o ‘tome una foto y envíela a la liga de denuncias…’

Mucha interacción diaria tenemos al vivir en sociedad. Las reglas básicas de convivencia debían estar observadas bajo esa lupa que condicione la manera de preservar la vida. 

En Ciudad Madero, en el sur de Tamaulipas; un muy joven matrimonio sostenía una reyerta en el interior de una habitación de modesto hotel de la localidad. Con un pequeño hijo de 1 año y medio, la acalorada discusión de la pareja se extendió por ¡dos días! Con la consabida expectación de los demás huéspedes y del personal que atendía el inmueble.

Sábado y domingo tuvo lugar la guerra sin cuartel, a la que los administrativos del hotel no supieron cómo proceder para restablecer la paz. Ni autoridad alguna tomó cartas en el asunto. 

El lunes… la joven de venititantos años amaneció estrangulada con el pequeño como único testigo del fatal desenlace.

No había códigos de procedimiento para que los encargados solicitaran ayuda policiaca o que intervinieran previniendo la salvaguarda de la vida del menor.

SI hubiera un connato de violencia como las cotidianas entre las barras de apoyo a los equipos de futbol tras los encuentros (tigres-rayados), no existe un manual para la contención de sucesos que involucren a la indefensa ciudadanía.

COLOFÓN: Si hemos logrado como sociedad impulsar cientos de observatorios ciudadanos, quizá su mejor papel sería obligar a la implementación de criterios mínimos de actuación. Los protocolos no son sólo para ver de qué color trae la corbata el presidente o si le gusta la guayabera…

 

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@deandaalejandro