Figuras de la UAT.



 

Recordar es vivir y, cómo no, si su rostro fue uno de los primeros que observe en Ciudad Victoria, Tamaulipas, hace muchos años durante mi regreso a esta entidad y me llamó la atención por peculiar, por entrona y porque decía mucho de lo que yo pienso y quería escribir.

Y es que en una revisión que hice del videos que utilizó el Rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, José Andrés Juárez Fernández, para decorar su pasado primer informe, allí estaba ella, sentada en una banqueta, con ropa sencilla y cubriéndose la cabeza con algo por aquello del sol.

Acomodaba una hilera de libros que al parecer estaban a la venta y la cámara hizo una rápida toma que me confirmó para bien que ella está aquí entre nosotros y que sigue activa, como es su costumbre.

La última vez que la ví en persona hace algunos años fue en la central de autobuses de esta capital, la saludé, crucé algunas palabras con ella y subió al transporte junto con mi esposa, quien también se dirigía al Distrito Federal a visitar a unos familiares.

Y ella, me refiero a Luisa Alvarez Cervantes, una mujer chiquita de tamaño pero de gran estatura política, iba a la capital del país a ver asuntos relacionados con su profesión, porque es Doctora en Filosofía y maestra de historia y de docencia.

Y como no recordar aquellos tiempos cuando militaba en el Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional y que fue diputada local, si desde la cámara tejía las delicias de la raza periodiquera, porque por su boca escapaban fuertes palabras que eran dignas de la nota de ocho, porque abundaba preparación, certeza y una visión tan diferente de lo que era el  ámbito político. 

Era una delicia contemplarla al micrófono, porque en esa cámara local se movía como pez en el agua y sacudía con rapidez a todos aquellos que vivían conformes con el paso de la vida y con los problemas cotidianos que dañan y que envenenan.

Recuerdo y, bien, y ojala que tome esto con optimismo, que en una ocasión Luisa me contó que se casó con un amigo mío preparatoriano que trabajaba en el CISEN, con el que corría el riesgo de que la grabara cuando dormía y hablaba, porque ella era de oposición y él un funcionario oficial.

Sus palabras dieron vida a una nota mía que titule “Durmiendo con el enemigo”, que bien se acomodaba al temor que vivía Luisa de que podría ser fichada por la autoridad. Cuando la nota llegó a sus manos soltó una sonora carcajada.

Pero ella también fue diputada federal y en aquel entonces circuló una anécdota. Resulta que ella y la panista Lydia Madero García, formaron parte de la comitiva de un presidente de México que se dirigía a la cámara a tomar posesión. Al lado cada una del mandatario Lydia vestida con ese glamour que nunca se supo sacudir y Luisa con ropa sencilla, un estilo que siempre ha defendido.

Al observar esto en la tele, una persona dijo que si a Luisa no le da vergüenza la forma de vestir en tal evento y otra mujer le preguntó: ¿La conoces. Sabes de su preparación?. “Estaría bien que Luisa te regalara dos neuronas para que puedas vivir con dignidad”, la remató.

Y eso es cierto, porque en una ocasión frente a mi Laura Alicia Garza Galindo, compañera de Luisa como diputada federal del PRI, confesó que le tenía miedo, porque frente al micrófono la destrozó cuando defendía la cardenista su postura y desglosaba la problemática que vivía Tamaulipas.

Es bueno recordar a Luisa y que la UAT la tome en cuenta en sus imágenes sagradas, porque es una catedrática de peso, de carácter y tan diferente, que hago votos para poder volver a estrechar su mano.

Y la Universidad se debe sentir orgullosa de tener en sus filas a ella y a muchas mujeres pensantes, que empujan al estudiantado para que la vida les pinte como se debe y  como ellos creen.

Es bueno verte de nuevo Luisa y mejor aun que sigas en la lucha.

Porque lo mejor está en la mente, no en la vestimenta.

O sea, en el odioso glamour.

 

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