Empoderamiento femenino o poder desaprovechado.



 

En 1995 en Beijing, China,  surge el término “empoderamiento de las mujeres”, como estrategia para la igualdad y la equidad, fue impulsado en la Conferencia Mundial de las Mujeres de Naciones Unidas para referirse al aumento de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder. 

Por empoderamiento femenino me refiero al proceso por el cual las mujeres, que están en desventaja por las barreras de género, adquieren o refuerzan sus capacidades, estrategias y protagonismo, tanto en el plano individual como colectivo, para alcanzar una vida autónoma en la que puedan participar, en términos de igualdad, en el acceso a los recursos, al reconocimiento y a la toma de decisiones en toda las esferas de la vida personal y social.

Además, este proceso de empoderamiento de las mujeres debe incorporar una visión crítica sobre el sistema de género, sobre los papeles y estereotipos asignados por el género a los sexos y sobre los déficits de participación históricos de las mujeres. 

La Plataforma de Acción de Beijing, estableció que las mujeres tienen igual derecho a participar en la gestión de los asuntos públicos y, mediante esa participación contribuir a redefinir las prioridades políticas al incluir nuevos temas y ofrecer diferentes puntos de vista. 

Esta plataforma marcó dos objetivos estratégicos:

1. Garantizar a las mujeres igualdad de acceso y participación en las estructuras de poder y en la toma de decisiones.

2. Aumentar la capacidad de las mujeres de participar en la adopción de decisiones y en los niveles directivos. 

Desde hace más de 20 años en el mundo se han ido haciendo adaptaciones a estos objetivos, en algunos países más que en otros por supuesto; sin embargo nadie puede negar el aumento de reflector que para bien o para mal la mujer tiene en estos tiempos.

En México El Pleno de la Cámara de Diputados aprobó recientemente el dictamen con el que se reforman disposiciones de la Constitución en materia de paridad de género. 

Las reformas fueron votadas en lo general y en lo particular, obteniendo 445 votos a favor, cero en contra y cero abstenciones. Tras la aprobación, el dictamen pasa a las legislaturas locales para su discusión. 

El 14 de mayo fue aprobado el proyecto de decreto en el Senado de la República por unanimidad. Las reformas permitirán que la mitad de los cargos públicos a nivel federal, estatal, municipal y en órganos autónomos sean para mujeres. 

La reforma también busca fomentar el principio de paridad en los partidos políticos, postulando candidaturas en forma igualitaria de acuerdo con las reglas que marque la ley electoral, garantizando la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres en el ejercicio del poder público.

La modificación constitucional también incluye el principio de paridad de género en la elección de representantes ante los ayuntamientos en los municipios con población indígena –con todo respeto esa es otra historia, definitivamente este sector de la población no ha cambiado su mentalidad.

De igual manera, la ley que regulará la organización y funcionamiento del Poder Judicial de la Federación incorpore la paridad de género para la integración de los órganos jurisdiccionales federales.

¿Y ahora qué sigue? ¿Hacemos un mitin para exigir que se cumpla la ley? ¿Todas las mujeres nos lanzamos a repartir currículos y a pelear por la buena o por la mala,  puestos de poder?

Definitivamente no, no es tan sencillo, ni tan poco me parece justo… ya se,  van a decir que con nada estamos contentas, pero no va por ahí. 

Sinceramente estoy convencida de la capacidad que muchas mujeres tienen para desenvolverse en actividades políticas, culturales, científicas, claro que las mujeres son muy inteligentes, responsables, dedicadas, competitivas, estudiosas y comprometidas; si , pero no todas.

Lamentablemente hay muchas mujeres que no están capacitadas para desempeñar la función que tienen asignada, y por el simple hecho de ser mujer podrán tener el poder de decidir sobre la vida de los mexicanos, eso de verdad me preocupa.

No necesitamos más “Jesusas” tomando decisiones para nuestro México porque tienen un lugar de algún modo regalado, por el contrario requerimos mujeres que nos enaltezcan y demuestren que nuestras antecesoras tenían razón y que por capacidad y coraje nos hemos ganado esos espacios con los que tanto soñamos.