El precio del poder



Ninguna batalla se gana 2 veces con la misma estrategia, equivocados están aquellos que ganaron y piensan en la reelección, siguiendo los mismos patrones, las mismas ideas y los mismos caminos para seguir en el poder. Nada es igual, el desgaste natural y el no muy natural, es pagadero de manera inmediata, pero como dice un viejo refrán: “solo hay algo peor que se electo, no serlo” y en eso la mayoría de los políticos que alguna vez perdieron una elección saben de sobra, el precio de una derrota.

Sin embargo, por ejemplo, la burbuja mediática y electoral, que significo la campaña de Cabeza de Vaca en Tamaulipas, ya no estará. Esa ola llevo a muchos a ganar la elección, sin tener arraigo y trabajo político de fondo, pero ya no más, ese factor a quedado atrás, los reelectos tendrán que aportar su dosis de liderazgo, trabajo y dinero.

Algunos ediles, llegaron con el impulso que el actual gobernador traía en su campaña, factor que contribuyó a que la mitad de los municipios se pintaran de azul, pero en un año y medio, también hay desgaste natural. Cualquiera que sea electo paga el precio del ejercicio del poder, ese no perdona y es implacable.

El que entendió, desde el primer día de administración local se dio a la tarea de hacer alianzas, de iniciar una reelección a través de obra publica, de desarrollo social, en términos reales, un campaña de más de un año.

Como lo acaba de decir el líder estatal de PRI Sergio Guajardo, y por eso han caído el alcalde de Valle Hermoso, Daniel Torres, de Miquihuana y los que se acumulen esta semana; la idea es tener votos, porque problemas todos los partidos tienen y demasiados.

Para todos aquellos alcaldes que se tiraron a la hamaca e imaginaron que la burbuja y manto de liderazgo de la campaña de Cabeza de Vaca, los llevará a la reelección están cometiendo suicidio político. Las circunstancias son diferentes, el momento es otro, los actores y factores son diametralmente opuesta en 2018.

El precio y el desgaste político, es natural, cualquier gobernador o alcalde, paga la factura de ser gobierno, de la noche al día se convierte en hacedor de todo, pero también el culpable de todo, y eso es como la gota de agua que cae sobre la piedra, tarde o temprano la perfora.

En este sentido estricto, la reelección es el mejor examen, para aquellos que trabajaron bien, para los alcaldes que hicieron su chamba, las urnas son el mejor parámetro, pero para los que no, entonces las urnas, es su tumba. Al tiempo.

 

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