El ataque de envidia…



 

Cada cabeza es un mundo y cada mundo es su propio universo, dice la sabiduría popular, también sentencia que por lo general el ser humano se debate entre el bien y el mal, entre su conciencia y su inconsciencia,  entre su razonamiento y su yo irracional.

Desde luego que la sentencia aplica y a la perfección a los políticos, o a muchos que juegan a la política y a los que pretenden estar a su alrededor buscando un espacio y un tiempo para hacerse notar.

Se les ve continuamente desgarrándose emocionalmente, creando su mundo de confusiones entre lo que  se dice y lo que se hace, lo que se piensa y lo que es verdadero, las personalidades son tan complejas que cada quien actúa según la temperatura del día y  trata de vivir aunque solo lo logren a medias, siempre sufren al ver lo que hacen otros.

Esto sucede  sobre todo si quienes le rodean  son más exitosos, y no porque pretendan seguirlos como parámetro de superación sino porque se sienten inferiores y el alma se les llena de resentimientos, intereses, frustraciones y la mediocridad instalada en ellos durante toda su vida no les permite ver más lejos de lo que su mano alcance, más allá de su nariz, y prefieren llenarse de sentimientos oscuros y  frustraciones.

Para esos seres siempre será mucho más fácil hablar con ligereza sorprendente o comentar situaciones que desconocen, les es tan complicado razonar y tener la valentía de hacerse responsables de lo que emana de sus bocas, pregonan lo que no hacen y aunque tengan conciencia de la verdad la disfrazan para sentirse mejor con ellos mismos.

En ocasiones hasta se recurre a la oscuridad, a el clandestinaje  y a jugar al ladrón haciéndola de victima solo por el hecho de que otra persona pueda ser más exitosa, más feliz, más alegre o más virtuosa.

El resentimiento ocasiona una revolución en sus mentes, y lo lamentable es que es la manera que se les  permite  sentirse activos y en movimiento, aunque no tengan un fin verdadero, por ellos los sentimientos experimentados son dolorosos.

Así van por la vida, paseando generalmente un rencor sordo, frecuentemente inconsciente, de envidia o de impotencia por no alcanzar lo deseado o lo que otros poseen, y de ahí vienen críticas, comentarios, o insinuaciones para desprestigiar a la persona o personas que sean el objeto del resentimiento.

El dolor continuo trae como consecuencia la frustración y esta se produce cuando las expectativas del individuo no coinciden con los hechos reales, lo que frustra no es tanto la adversidad sino el hecho de que los acontecimientos no se produzcan como uno espera, el individuo por naturaleza tiene la necesidad de afecto, de ser tomado en cuenta, de sentirse admirado pero no puede entender que el nivel que pretende no le alcanza por no contar ni con dos dedos de frente, no reconocer sus errores, no valorar lo que tiene para que le sirva de impulso  alcanzar sus anhelos.

Por eso, cuando siente que las situaciones no le favorecen se torna inmaduro y despotrica, habla mal, desprestigia y con ello espera que a partir de ese momento los acontecimientos le sean favorables.

Cierto, se describe a un político, pero bien puede apuntar a uno que otro de los que le rodean,  sobretodo en  procesos  electorales, es   en  estos tiempos cuando  muchos personajes sufren ataques de  coraje, envidia.

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