Cambiando costumbres



Reflexión: “Pero a ustedes que abandonan al Señor y se olvidan de mi monte santo, que para los dioses de la fortuna y del destino preparan mesas y sirven vino mezclado, los destinos a la mesa dan: ¡todos ustedes se inclinan para el degüello!. Porque llamé y no me respondieron, hablé y no me escucharon. Más bien, hicieron lo malo ante mis ojos y optaron por lo que no me agrada”

Isaías 65:11-12.

Para nosotros los cristianos, dejamos de confiar en el destino y la diosa fortuna, al obedecerlo como nuestro redentor, conocemos la verdad, y sólo creemos en la Biblia que nos enseña la verdad, que reprueba viejas costumbres terrenales, pecaminosas y perversas (malignas).

Atrás quedaron, costumbres muy arraigadas, de creer en la buena o mala suerte, el yo no tengo suerte, o soy afortunado. El Destino o la Diosa Fortuna. Prometedor o favorable por que todo eso es demoniaco.

Dice la Biblia: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, y eso nos basta para borrar de nuestras mentes, todo lo que Dios reprueba, lo malo: como confiar en el destino y la ayuda de la Diosa Fortuna. Sólo creemos en la voluntad de un Dios de amor.

Cuya gloria es verdadera el que “hizo los cielos y la tierra, el mundo y lo que en él habitan. Él es el que da y quita, conforme a su justicia, a los creyentes o no creyentes. Para entender la suerte y la fortuna.

Es necesario leer en Isaías 66:11-12, que transcribimos como referencia de nuestra reflexión dominical, que espero, apreciable lector y hermano, la edificación y conocimientos  para sus vidas. 

Cuando somos salvos, nos enteramos que “los dioses de la Fortuna y el Destino” son entes que Dios reprueba. Son dioses paganos. “Sus nombres Gat y Meni, significan literalmente tropa y número”.

Gat está emparentado con lo que significa “tropa”. Y Meni significa contar. En Isaías 65:11 dice: “Pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que ponéis mesa para la fortuna y suministráis libaciones para el destino”.

Por ello, cometeríamos un grave error, el dejar de preocuparnos por nuestra salvación. La práctica o la simulación, de viejas situaciones que Dios reprueba, podemos activar dioses del maligno. Que deberían estar bajo la autoridad de Dios. 

Termino con esto: Cuando entregamos nuestra vida a Dios, no vivimos bajo la casualidad o la suerte, sino que vivimos según el plan divino de Dios.

La Biblia dice: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

Y el salmista escribe en Salmos 37:23: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino”. 

Nuestras vidas y las cosas que estamos viviendo no estamos girando a su alrededor aleatoriamente, y no están fuera de control, si nosotros estamos en Cristo. Dios tiene el control. Que nuestros problemas conocerán nuestra verdad.

Para quien lee esta reflexión, y no has aceptado a Cristo como tu Salvador, te invito a que lo hagas, él quiere bendecirte y darte a conocer las maravillas que tiene preparado para ti, y lo mejor, darte la vida eterna. 

Dios bendiga ricamente a nuestros lectores.